Valeria se inclinó hacia ella y le tomó la mano con firmeza.
—No tienes que ser fuerte conmigo, Isa. No tienes que fingir.
Isabella apretó los labios, y por un instante, pareció que iba a romperse. Su respiración tembló, tan ligera que Valeria la sintió más que escucharla. Pero Isabella volvió a p