Valeria la observó unos segundos, aún con el ceño fruncido.
—Bueno, está bien. Pero si te traiciona, te juro que hago que le revoquen la licencia de abogado, lo funo en redes y lo dejo vendiendo empanadas en una esquina.
Isabella estalló en una risa sincera al escuchar las tonterías de su amiga.