—Ahora entiendo por qué tienes que mudarte —murmuró, con un dejo de rabia que intentó disimular.
Ella bajó la mirada, pero no lo negó.
Cuando terminó de escribir, guardó la libreta… y sin pensarlo demasiado, tomó la mano de Isabella.
Ella se sorprendió, pero no la retiró.
—Isa… —Su voz sonó baja