—Héctor tiene razón, salgamos de aquí de una vez —secundó Esteban.
Al romper el tenso abrazo, Beatriz se alejó con calma. No dudó un segundo y se dirigió directo hacia Matheo. Lo miró con suavidad y le pidió que le dejara ayudarla a caminar, ofreciéndole su apoyo debido a las lesiones que el joven a