Gimena estaba en medio de la celda, aún esposada, el cabello desordenado y el vestido blanco manchado, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado. Sus ojos brillaban con una mezcla de furia y delirio.
—¡Él me ama! ¡Ustedes no entienden nada! ¡Esto lo arreglaremos cuando él venga!
Rivera