—Vaya… pensé que seguirías inconsciente hasta el mediodía —comentó con una leve ironía.
Dereck no respondió; quiso reírse, pero no podía.
Ni siquiera levantó la mirada.
Enzo suspiró y avanzó hasta sentarse a su lado.
—No te tortures —dijo, más serio—. Pensar en lo que pudo ser no cambia nada. Ya