Su visión se nubló un segundo.
El dolor era cada vez más pesado.
—Debí quedarme tranquilo… —Escupió—. Con mi madre… con mis hermanas… pero no…
Otro golpe.
—¡No!… Tenía que hacerme el maldito héroe…
Beatriz forcejeaba con más desesperación.
Las cuerdas cedían un poco más.
—¡Matheo!… —Solló.
Pero él a