Matheo se lanzó hacia un lado justo cuando un golpe brutal descendía donde había estado su cabeza.
El aire silbó.
El impacto contra la silla retumbó.
—¡Mierda! —gruñó, rodando por el suelo y levantándose de inmediato.
Frente a él—
Un hombre enorme.
Ancho.
Pesado.
Un maldito muro de músculo.
Matheo s