—Yo también —añadió Enrique.
Rodrigo ya estaba listo.
—Los autos están afuera.
Dereck avanzó hacia la puerta.
Pero antes de salir… se detuvo.
Solo un segundo.
Miró hacia el pasillo.
—Espérame… —susurró.
Y esta vez…
Salió sin mirar atrás.
…
La habitación estaba sumida en una calma frágil, casi irreal