—Está bien —cedió finalmente—. Tienes razón. Se lo diré.
Valeria esbozó una sonrisa triunfante, una de esas que solía usar cuando ganaba una discusión difícil. —Me alegra que tu cerebro por fin reciba algo de oxígeno. Manténme al corriente de lo que decidan —le lanzó una última mirada de advertencia