—La cita... —susurró Isabella, y sus manos subieron instintivamente a su vientre, protegiéndolo—. Val, hablé con Elena por teléfono sobre la ginecóloga. Le di la hora, el lugar... ¡Ese enfermo lo sabe! Sabe que estoy embarazada.
El temblor en sus manos se volvió incontrolable. La idea de que un aco