El mundo de Gimena se detuvo. El sonido del tráfico lejano desapareció, reemplazado por un pitido agudo en sus oídos. El teléfono casi se le resbala de la mano.
—¿Qué...? —susurró, su voz perdiendo toda su fuerza por un segundo—. No... no puede ser. ¡Eso es imposible! Ella es estéril; el impacto de