Valeria soltó una risa seca.
—No necesito que me cuides como si fuera una niña.
—Te cuido porque eres mi hermana —replicó Enrique—. Y necesito saber si ese tipo se está pasando de listo contigo.
—No está haciendo nada Enrique, así que olvídalo —dijo ella, cada vez más tensa.
Enrique la observó unos segundos.
—¿Te gusta?
La pregunta cayó directa.
Sin rodeos.
Valeria se quedó en silencio. Su corazón latió con fuerza contra su pecho.
—No.
Contesto con la voz tensa, mientras sus puños se apretaban.