Me levanté y de un grito le pedí a Nicholas que dejara de golpear al médico, quién ya estaba tirado en el piso, sin poder levantarse.
—¡Nicholas, detente! —Me acerqué e intenté separarlos.
La cara de Rodolfo estaba desfigurada, apenas podía hablar. Nunca había visto a mi esposo tan descontrolado. Por una parte lo entendía, nuevamente me defendió y salvó de algo que podría haberme marcado por el resto de mi vida.
—Nicholas, vámonos de aquí. —Lo tomé del brazo y empujé hacia la puerta.
Mi