Recorrimos el lugar y encontramos un jacuzzi desocupado. Había varios en un jardín enorme, todo muy bonito. Solo se escuchaban gemidos y algo de música.
—Haremos una cosa: entraremos al agua y empezaremos nuestra acción. El tercero vendrá a nosotros —explicó mi rubio.
—Me parece justo.
Nos besamos, me tomó de la cintura para apretarme contra su erección.
Se acercó a mi cuello y poco a poco empezó a bajar, dándome pequeños mordiscos. Bajó las tiras del corsé y dejó salir ambos pechos, cuyos pezo