Llegamos a un lugar que se veía muy exclusivo, llamado: «The moon black». La puerta principal era abierta por un hombre vestido de traje, alto, moreno y tenía en las manos una bandeja de champán. Agradecí tanto el alcohol, ya que estaba muy nerviosa por lo que estaba a punto de hacer. Atraer a una persona enferma en ningún caso era fácil.
Tenía una bella lámpara de lágrimas negra, con sofás rojos circulares en el medio. Al rededor de la tienda había miles de colgadores, todo con lencería perfec