El delicioso color purpura se deslizaba por mis barbilla, me mantuve inmóvil por un momento, acaba de besarla sin motivo, solo por qué estaba ahí frente a mí con las perfecta inocencia.
Pase mis dedos por la comisura de mis labios, frote la sangre entre ellos, mastique el sabor a hierro en mi boca me dolía como mil infiernos quemándome la cara
Esa mujer era como un pequeña flor, frágil, hermosa sacudida por una tormenta, pero firme, fuerte y valiente como una guerrera solitaria.
No podía negarl