Rogel
Justo cuando pienso en devorar sus labios suena un disparo, lo cual hace que ambos miremos hacia afuera. De repente suenan más disparos y la pongo detrás de mí sacando mi arma.
—No te muevas de aquí.
—Dame un arma.
—No, claro que no.
Veo que pone sus ojos en blanco, en otro momento y condiciones le daría una buena azotaina, por eso.
—Vienen por mí, no por ti y, además, no pienso matar a los únicos que me pueden ayudar.
La miro confundido, ¿cómo que vienen por ella? Pero no tengo tiempo de