—Tienes razón.
—Y... —se levanta y se dirige a un pequeño bar de aquí—. Considero que ya deberías saber de mí, ¿te imaginas que las personas se hubieran enterado que no sabes cuales son mis propiedades? —dice de regreso con una botella de champan y dos copas.
—Pues no soy interesada, ahí está tu respuesta —le aclaro.
—Obviamente no, vienes de una familia adinerada, pero deberías saberlo pues porque lo mío es tuyo, mientras estemos casados, así será —dice y se sienta al frente de mí.
—Entonces aprovechemos esto para conocernos y así ambos hacemos bien nuestro trabajo, sin mentir o agregar, los papazzis pueden perjudicarnos si saben más que nosotros mismos.
Luca está de acuerdo y abre la botella, esta suelta el corcho y vuela a quién sabe dónde, luego nos sirve las copas y las chocamos.
—Por un contrato exitoso —dijo él en salud.
Bebimos de las copas y luego empezamos a comer, él se disculpó por lo frío del platillo, pero lo comprendí, sin embargo, lo halagué por la delicia, parece que