—También veo que nunca logras alcanzarme con esos zapatos, Marta. —respondo secamente.
—Soy Mabel y con todo respeto le pido que salga de la oficina de mi jefe —la escucho severa.
Le echo un reojo y esta parada en la puerta como si tratara de mostrarme la salida.
—Tú más que nadie sabe que Luca me hizo suya en esta oficina —le recuerdo.
Siempre me gusta recordárselo, pues sé que ella muy en el fondo le gusta mi Luca, las secretarias tienen esa mala fama y es por eso que quería que siempre me es