Él me mira extrañado y lo ayudo con su corbata para aflojárselo, se me queda mirando mientras lo hago y la verdad se siente incómodo.
—Bueno, una disculpa no solucionará eso, me hizo sentir muy mal que pisotearás mis sueños, porque se supone que vamos a trabajar en equipo y ambos debemos estar complacidos, porque solo así podremos trabajar bien.
—Insisto con la disculpa... aunque con la mordida que me diste deberíamos estar a mano —se toca su labio y me hace reír.
—No fue suficiente, además de que me mordiste de vuelta y no fue justo —lo suelto y miro a la ventana, pero su mano sujeta mi barbilla y me hace verlo.
—Lo siento, ¿Vale? —me pide.
Lo miro extrañada.
—¿Por qué te sigues disculpando? Con que lo digas una vez es suficiente.
Él se lo piensa por unos segundos y me hace creer que es algo grave, hasta que abre su boca.
—Porque necesito estar bien contigo, ahora eres mi cómplice y te necesitaré.
Asiento detenidamente.
—Quieres seguir viendo a mi hermana a escondidas, ¿no? —deduzco.