Y el hecho de que sólo le pagaran migajas por vender a mi hija…
era el insulto final.
Me reproché haber pasado por alto esa pista mientras investigaba a esa mujer inútil. Resultó que su hermano usaba un nombre diferente al de ella, lo que hizo casi imposible relacionarlos.
Pero lo bueno —lo único bueno— fue que finalmente la habían detenido.
Me senté en mi oficina, dando los últimos toques a todo mientras jugaba con Kendra. Había oído decir que, en los días o momentos previos a la muerte, algun