—¿Puedes decirme qué está pasando? —pregunté.
—Sólo sal del coche —respondió.
Obedecí, y él hizo lo mismo.
—¿Qué está pasando? —insistí.
—Damian Fraser tiene oídos en todas partes, y nuestra casa podría estar llena de micrófonos —explicó.
Lo miré confundida.
—¿Por eso me trajiste aquí? ¿Estás diciendo que él y la fea Valeria nos han estado observando?
—Así es como opera Damian. En este momento, mi gente está revisando la casa y la oficina en busca de cualquier dispositivo —respondió.
E