Camila se quedó estupefacta.
No esperaba que él no la cuestionara, que incluso estuviera dispuesto a asumir las consecuencias por ella. Por un instante, su corazón se vio invadido por una oleada de emociones encontradas, un huracán imposible de descifrar.
—¿Y tú? ¿Cómo vas a explicárselo a tus padres… y a tu abuela? —preguntó Camila con la voz apenas audible, cargada de inseguridad.
Al ver esa expresión cautelosa en la cara de Camila, Pedro sintió un apretón en el pecho.
Ya había revisado los do