—Viviana, dame solo un día. Hablaremos de todo esto cuando traiga a Camila de regreso a Sunimar —suplicó Luan, casi rogando.
El rostro de Viviana fue perdiendo color. Se mordió el labio con fuerza y sus ojos se llenaron de fiereza.
Aunque Cristian no dejaba de consolarla, ella ya había tomado una decisión. Lo sujetó de la mano y lo arrastró hacia la salida del aeropuerto mientras decía:
—Cristian, vamos a pedirles a papá y mamá que anulen el acuerdo de adopción y luego… ¡nos casaremos!
No parecí