Acompañada por una taza de té de manzanilla caliente, Luciana eligió disfrutar la tarde en el balcón de su habitación. El aire sereno soplaba con suavidad, trayendo consigo el aroma del jardín que en otro tiempo le resultaba tan familiar. Nada había cambiado desde la última vez que dejó aquel lugar. Todo seguía impecablemente ordenado, como si la casa la hubiera esperado en silencio para verla regresar.
"¿Hay algo más que necesite, señorita?"
Una criada permanecía a poca distancia, moviéndose a