Levantó la taza de té de manzanilla que ya empezaba a enfriarse, dispuesta a dar un sorbo. Pero antes de que rozara sus labios, las lágrimas llenaron de pronto las comisuras de sus ojos.
Luego comenzaron a caer una tras otra, sin permiso. Una gota se precipitó sobre la superficie del té.
Luciana dejó la taza de nuevo sobre la bandeja con las manos temblorosas. Subió ambas piernas al sofá del balcón, abrazó sus rodillas y escondió el rostro entre ellas. El llanto que llevaba conteniendo estalló