Pero yo ni me iba a molestar en darle tantas vueltas:
—Si no fuera porque siempre le dabas chance, ¿crees que ella se atrevería a plantarse delante de mí para asquearme?
—Lo que pasa es que te gusta tener una en casa y otra afuera, disfrutar de los dos mundos. Pero si quieres que te diga la verdad, ¡el más repugnante aquí eres tú!
Patrícia lloraba a un lado, como si se le viniera el mundo encima:
—¡Perdón, perdón! Todo fue mi culpa, no debí meterme entre ustedes dos, entre ti y Jaime… Ya me voy.