Tu voz me sigue, me acosa, me acorrala. Me alejo y más me acerco, la razón me grita que debo huir, pero mi piel se ha hecho esclava de lo que tus palabras prometen.
Isabella
Desgarro mi garganta cuando al fin me empalo por completo y lo siento muy adentro. Me siento muy abierta y me arde, pero no me detengo, con sus manos en mis nalgas subo y bajo una y otra vez. Incomodidad, impotencia, ganas de experimentar otra posición provocan que me hastíe. No lo estoy disfrutando.
—Detente —pido.
—Un poc