Salió del edificio tan cansada como si estuviera cargando una piedra el doble o el triple de su tamaño, su corazón latía muy fuerte como si quisiera salirse, sus ojos picaban, su garganta estaba seca. Se sentía desfallecer en ese momento, no pensó en nada, tomo el primer taxi que vio para llegar a la empresa, necesitaba de su hermano y amiga.
Se bajó del auto como si el mundo le hubiera caído encima, no soportaba todo esto. Su teléfono sonó y contesto por inercia.
—Buenas tardes.
—Señora Vera,