Las sirenas sonaban muy fuerte, los hombres del juez ya no pudieron hacer nada, pues no eran muchos, fueron acorralados y apresados, el jefe de policía Richard Harrison lideraba la operación.
Entraron a la cabaña, abrieron puertas, el guardia que cerro la del ingreso a la mazmorra, solo alzo las manos y escucho lo que ordeno el comandante.
—¿Dónde están?
Señalo la puerta y le hizo señas para que la abra, estaba la escalera muy oscura, pero abajo se veía luminosidad, al llegar al último escaló