Epílogo. La luz de un nuevo comienzo
El sol de la mañana iluminaba suavemente la habitación. Camila estaba sentada en el sillón del salón, acunando a su pequeña en brazos mientras Andrew se inclinaba a su lado, observándolas con una sonrisa que lo llenaba de orgullo y amor. La bebé, envuelta en una manta rosa, dormía plácidamente, ajena al mundo, con el pecho de su madre ofreciendo la seguridad que solo el amor verdadero puede dar.
Andrew suspiró profundamente, sintiendo que por fin todo había encontrado su lugar. La pesadilla del