Capítulo 68. A salvo.
Dos días habían pasado desde que le envié el mensaje a Laura y aún nadie había venido por mí ni parecía que alguien hubiera hecho algo para rescatarme. La soledad y el miedo se habían convertido en una presión constante; cada ruido fuera de la casa era un latigazo de adrenalina y cada silbido del viento contra las ventanas me hacía pensar que Ricardo o uno de sus cómplices volvían a buscarme. Había aprendido a respirar despacio, a controlar el pánico; fingir ser Amelia seguía siendo mi única ar