Capítulo 42. Revelaciones.
Inés se encontraba atrapada en la camioneta, sus manos atadas y la cabeza llena de pánico. Los hombres la miraban con desprecio, sin la intención de mostrar compasión alguna.
—¡Déjenme ir! —gritó, forcejeando contra las cuerdas que la mantenían inmóvil.
Uno de ellos se giró, su mirada fría y sin emociones.
—Cálmate, mujer. No te hará bien resistir.
Inés dejó escapar un suspiro de frustración. La desesperación le invadía el pecho, y el miedo a lo que podría sucederle era abrumador.
Genoveva se h