Capítulo 40. La amenaza revelada.
Carolina caminó con paso firme hacia el auto de Lisandro, dejando atrás a un Eliot atónito y furioso.
—Esto no voy a perdonártelo —gruñó Eliot, apretando los puños a un lado de su cuerpo.
Lisandro la siguió rápidamente, lanzando una última mirada de advertencia a Eliot antes de subir al vehículo. Una vez dentro del auto, el silencio los envolvió. Carolina miraba por la ventana, su mente un torbellino de emociones. Lisandro la observaba de reojo, inseguro de cómo proceder.
Finalmente, fue Caroli