Leo
El sol apenas se filtraba por las cortinas cuando me desperté sobresaltado. Había soñado con lienzos que sangraban y manos que se estiraban desde marcos dorados. Me incorporé en la cama, con la respiración agitada y la sensación de que algo me llamaba desde algún rincón de la mansión.
Llevaba días con la misma inquietud. Desde que encontré aquel primer cuadro escondido, sentía que la casa guardaba secretos que pulsaban bajo su superficie, como venas bajo la piel. Leonardo había estado espec