Capítulo 64. ¡Ya se había tardado!
Theodoros jaló la silla y se sentó. Quedó frente al rostro serio y pétreo de Elián Kyriaskis. Él era todo, menos griego; sin embargo, era un hombre en el que se podía confiar. Así se lo habían asegurado Alexander Katsaro y la misma Callista.
Confiaba en él y en sus habilidades para encontrar el hilo a la hilera; sin embargo, el tiempo que estaba llevando la investigación empezaba a desesperarlo. No tener noticias de manera regular le robaba la paz e interfería en su vida y su felicidad.
Nadie m