Capítulo 38. Eres mi ángel
Callista se limpió los labios, hizo un esfuerzo para ponerse de pie y alejarse del retrete antes de perder la batalla de nuevo. Tambaleante, se obligó a caminar. Las náuseas estaban acabando con ella; se sentía sin fuerzas ni ánimos. Llevaba dos meses en ese estado, esperando que los días pasaran, dándole tiempo a Theo de asimilar la noticia y pedirle que le dejara ver a Penélope. Quería ver a su hija, abrazarla y decirle lo mucho que la amaba y todo lo que la había echado de menos durante los