CHARLOTTE FLAIR
A la mañana siguiente, unos suaves rayos de luz se filtraron en la habitación, rozando mi piel y despertándome.
Abrí los ojos lentamente, aún pesados por el sueño… y lo primero que vi fue a él.
Fernando.
Estaba tan cerca de mí, con el rostro sereno y tranquilo, completamente relajado en su sueño.
Por un instante, me quedé allí, inmóvil… con la mirada fija en él.
Había algo en su mirada en ese momento —tan tranquila, tan vulnerable…— que me impedía apartar la vista.
Sin darme