CHARLOTTE FLAIR
Estaba de pie junto a la encimera de la cocina, picando cebollas con cuidado mientras preparaba el almuerzo para todos.
El movimiento rítmico del cuchillo contra la tabla de cortar era casi relajante, hasta que oí una voz detrás de mí.
Una voz muy familiar.
«Aunque mi hermano aún no se ha casado con ella, ya se comporta como si fuera la dueña de la casa».
Su tono estaba cargado de sarcasmo, cortante y deliberado, justo como siempre hablaba cuando quería provocarme.
Me detuve un