FERDINAND LEONARD
Abrí la puerta de golpe y, en ese instante, sentí como si mi mundo se derrumbara a mi alrededor.
Mi mujer yacía inmóvil en el frío suelo, con una expresión de total indiferencia, mientras esos asquerosos bastardos la rodeaban como depredadores acechando a su presa. Uno de ellos incluso la manoseaba con sus repugnantes manos, y la sola visión bastó para que una furia violenta estallara en mi interior.
—¡CHARLOTTE! —grité con todas mis fuerzas mientras me abalanzaba sobre el des