Papá y mamá aún no habían salido de la cama, imaginando que siendo sábado y por esa fecha especial, descansarían un poco más.
Dejé en la mesa baja de la sala un par de cajas grandes que contenían bambalinas de colores para el árbol navideño, y caminé al patio para saludar al perro.
Torto salió de la casita de paredes gruesas para el frío que papá le construyó, y me recibió con esa inocencia especial que alegra el alma de cualquiera.
—Hey, compañero, es bueno verte. —Dejé que me abrazara con su