Si me dijeran un año atrás que estaría sentada en esa mesa celebrando el Espíritu de la Navidad con mis padres, mi hermano y mi novio, lo hubiese creído. Pero si me dijeran que mi pareja sería Maël Saravia, la risa sería descomunal.
Papá y mamá no dejaban de mirarlo y Danilo no ayudaba con ese amago de sonrisa que estaba a punto de explotar. Mientras, yo conversaba con Maël de cualquier tontería. Sobre el sabor de la comida, sacar a pasear al perro, el estar pendiente de las venideras críticas