Llegamos a un hotel en aquella hermosa localidad llamada Alentejo, la cual deseaba con fervor que me atrapara. Estaba llena de miedos como nunca antes empezando a arrepentirme por haber viajado, ¿quién me entendía? Al principio odié la moto, luego la amé con locura y después la misma máquina era la única cosa que me mantenía en constante diversión. Nuestras llegadas deberían significar descanso y contemplación. Sin embargo, a esa altura del recorrido me sentí distinta, con deseos, dudas y pregu