Me levanté, salí y cerré la puerta con cuidado y me quedé mirando la otra puerta de madera blanca, la del cuarto siguiente. Cerré los ojos pensando en lo que me tocaría vivir, en lo que tendría que decirle a mi hermano, convencida de no conocer bien su reacción por esa locura en la que me había metido. Danilo era tan impredecible…
Me asustó el sonido de la puerta tras de mí, de donde apareció un Maël quien se colocó sus pantalones de pijama y así, despeinado, sin camisa y somnoliento, sentí que