—Todavía no me has dicho qué diablos haces buscándome. ¡Dime! No, no, no, no. No mires para ningún otro lado que no sea a mí. —Tomó mi barbilla y la giró hacia él—. Respóndeme eso y deja de retarme con todo lo demás, porque no me vas a mentir diciendo ahora que te la pasaste muy bien escondiéndole tus sentimientos a Nikko.
Zafé mi cara de sus odiosos dedos y lo miré fijo. Podía sentir molestia por su forma de hablarme, creyéndose mayor de lo que era, pero las macabras ganas de llorar pesaban má