—Pulsen el botón del ruso de una vez, ¿pretenden que nos quedemos aquí toda la vida? —demandó el moreno a sus amigos.
Entonces Maël se dio cuenta que era yo y su rostro al verme pasó de la jocosidad al asombro, y del asombro a la interrogación. Y mientras comenzamos a subir y los demás seguían parloteando a un volumen alto sin prestarnos atención, sus facciones viajaron desde la incógnita hasta otras cosas que no supe descifrar. Sí, tenía preguntas escritas en su frente, pude verlas desde allí.