Abrió los ojos, trasudando luego de tener que experimentar esa horrible pesadilla que le recordaba, cada tanto tiempo, lo idiota que había sido. Se puso en pie, intentando calmar su corazón apoyado de ejercicios de respiración que, probablemente, se había inventado, y caminó hasta la jarra de agua en una mesa cercana a la ventana que daba al balcón de su habitación, entonces miró afuera y sacudió la cabeza, pensando en que no tenía caso lamentarse por cosas del pasado, irremediables, además.
Si