9. Una buena esposa
— Siéntate — ordenó el brasileño a su joven esposa y entró al cuarto de baño solo para salir un par de segundos después.
Gala obedeció cabizbaja, pero fue más por el leve mareo que le causó ver la sangre en sus heridas que por cualquier otra cosa.
Al darse cuenta de la palidez y de que estaba a punto de perder el conocimiento, Ramsés se acercó rápidamente y la tomó casi en el aire.
— ¡Gala! — exclamó su nombre con posesión, llevándola a la cama. La recostó sobre las almohadas y abrió enseguida e