48. Una dolorosa revelación
Desde entonces, las horas se deslizaron lentamente en la hacienda, con un silencio que parecía premonitorio. Ramsés estaba en su despacho, mirando fijamente un vaso de whisky que no había tocado. La confesión que iba a hacerle a Gala se sentía como un peso insoportable. Durante días había repasado las palabras que usaría, pero ninguna parecía suficiente. "Voy a perderla", pensó, y el dolor de esa idea lo atravesó como un cuchillo.
Decidido, dejó el vaso sobre la mesa sin probarlo y salió hacia e